La industria de la música ha muerto.

BuenÃsimo uno de los últimos artÃculos de Enrique Dans y Libertad Digital en el que habla sobre el mundo de la industria musical en la actualidad. Un mundo que ha muerto para dar paso al mundo de la música, sin más. En el que es el artista, su música y los fans los que forman el mundo, donde los interesados, los “gestores” y las discográficas pierden todo su valor.Sin más os recomiendo que leais el artÃculo:
La industria de la música ha muerto. Y no lo digo yo, sino nada menos que la gaceta oficial de dicha industria: la MTV. En una serie de tres artÃculos, la prestigiosa cadena musical repasa las noticias del año, y dibuja un panorama desolador: Madonna decide abandonar a su discográfica e invertir en una empresa de conciertos, Sony BMG se dedica a instalar programas espÃas en los ordenadores de sus usuarios, la RIAA destroza la vida de una pacÃfica ciudadana, Nine Inch Nails rompe relaciones con la industria, Radiohead saca su álbum anunciándolo en su blog y vendiéndolo directamente en la web al precio que los clientes quieran pagar por él… La industria de la música ha muerto, y lo ha hecho por no entender el progreso, por pretender perpetuar situaciones que no podÃan –ni debÃan– ser perpetuadas, y por negarse a aceptar los cambios que el escenario traÃa consigo.
En España, las cosas están exactamente igual. Los artistas y las sociedades que afirman representarlos se dedican a amenazar a los polÃticos diciendo que van a “cogerlos de los cojones” (disculpen ustedes la expresión, que no es mÃa, sino textual de uno de ellos), se reúnen para hacer proclamas reclamando su derecho al pesebre, insultan a los fans, los amenazan con persecuciones judiciales, con cortarles el acceso a Internet, y mil barbaridades más que hemos tenido que escuchar a lo largo del año, a cada cual más patética. Evidentemente, algo debe ir mal. Si además vemos como los polÃticos de un lado insisten en conceder subvenciones a esos “artistas” (subvenciones que provienen de los bolsillos de otros ciudadanos, a pesar de la patente y evidente oposición de éstos), mientras los polÃticos del otro lado afirman querer eliminar el canon para pasar seguidamente a ilegalizar la copia privada y perseguir a los internautas mediante una supuesta agencia de la propiedad intelectual, es que además de ir mal, hay algo que huele a podrido. Podrido y maloliente. El olor que proviene de todos esos supuestos “artistas” reunidos y con mafiosas actitudes, y de los polÃticos que responden con prontitud a sus demandas es ese aroma inequÃvoco y dulzón de la podredumbre, de quien prefiere ignorar el entorno que le rodea para intentar perpetuarse en una forma de hacer las cosas que nunca volverá a ser igual. Pero pensemos: ¿qué realidad están dedicándose a ignorar conscientemente esos “artistas” y esos polÃticos?
Ignoran algo tan básico como que la red, internet, no es una fuente de calamidades que es preciso compensar, sino una enorme y desmesurada fuente de riqueza. Con cada descarga, con cada streaming de una canción de un artista, más crece su cuenta de ventas por asistencia a conciertos, por merchandising, por ventas en iTunes, por patrocinios y por todo tipo de insumos propios de quien sabe explotar la economÃa de la atención. El canon compensatorio pierde completamente su razón de ser cuando la actividad de los fans deja de ser algo por lo que es necesario compensar al artista, sino algo que el artista deberÃa fomentar y agradecer. El hecho de que el pomposo Convenio de Berna suscrito por 163 paÃses recoja la necesidad de compensar al artista por la copia privada no refleja nada más que el hecho de que se trata de un tratado escrito nada menos que 1886, reformado en varias ocasiones para adaptarlo a las necesidades de quienes se dedicaban a una actividad hoy tan muerta como distribuir pedazos de plástico con música dentro, y cuya última revisión viene del año 1979, mucho antes de que nadie pudiese imaginarse lo que era internet y lo que podrÃa llegar a traer consigo. Si algo demuestra el absurdo del canon es, precisamente, que el Convenio de Berna debe ser reformado.
“El canon compensatorio pierde completamente su razón de ser cuando la actividad de los fans deja de ser algo por lo que es necesario compensar al artista, sino algo que el artista deberÃa fomentar y agradecer. ”
La industria de la música ha muerto. Y los polÃticos deben entenderlo, alejarse de su apestoso cadáver, y dedicarse a gestionar en función de los verdaderos intereses de los ciudadanos y de los verdaderos artistas, no de esos “artistas” malhablados, mafiosos, insultantes y desagradables que se reúnen en torno a la SGAE y exigen pagos por favores polÃticos. Copia privada como derecho indiscutible, y compensación establecida por los mecanismos del mercado: que los artistas se compensen aprovechando la maravillosa difusión y las oportunidades de negocio que brinda la red, como todos esos artistas que ya han huido del “manto protector” de las discográficas han demostrado que puede hacerse.
Aqui os dejo un video que explica el artÃculo “The Year The Music Industry Broke”
Leer artÃculo completo en Libertad Digital
Leer artÃculo relacionado en MTV

















